Tres defectos que matarán tu operativa

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Démosle otra vuelta de tuerca al ya largo camino de posts que vengo dedicando a las relaciones del trading con el arte de la guerra de Sun Tzu. Sus aforismos y enseñanzas son aplicables a cualquiera actividad y, desde luego, a la inversión. Según el arte de la guerra tal y como lo conocemos, y en palabras del general Tzu, para un soberano existen tres formas de llevar a su ejército al desastre. Como soberano de su propio ejercito, que no es otra cosa que su capital financiero cuando de mercados hablamos, conviene tenerlas presentes. A saber:

Primera forma, según Sun Tzu, de llevar a un ejército y a tu cuenta al desastre: Poner al ejército en un apuro. O lo que es lo mismo, ignorar que el ejército no debe avanzar y ordenar que avance, o ignorar que no debe retroceder y ordenar una retirada.

Si usted no debe estar en el mercado porque en éste existe demasiado equilibrio de fuerzas, y sin embargo se obstina en operar, lo menos que puede pasarle es que pierda dinero -especialmente en activos como las opciones-.  Si usted sale del mercado sin que sea ineludible -aplicando stops arbitrarios tal y como veremos en su momento-, puede que esté incurriendo en una pérdida innecesaria pero sobre todo que esté dejando de ganar una interesante suma de dinero a posteriori sólo por no haber sido fiel a las ideas en las que debería estar basada su operativa.

Es la situación técnica quien debe decirle cuando debe ordenar un avance o una retirada de sus efectivos, ni sus gustos, ni su humor, ni sus preferencias, ni el nivel en el que tomó su posición… Nada que dependa de usted influye en los precios, luego nada que dependa de usted debe influir en la operativa una vez que ha arrancado. Usted es un elemento exógeno al modelo, el precio no entiende nada de los inversores y no va a hacer las cosas a su gusto; por lo que éstos son los que deberán adaptarse a lo que el precio sugerirá ya antes de abrir cualquier posición. Dicho de otro modo, ceda el control de su operativa a su cerebro y no a su corazón.

Chia Lin dijo,

El avance o la retirada deben someterse a las decisiones del general, tomadas de acuerdo con las circunstancias. No hay calamidad peor que las órdenes emanadas del soberano que reside en la corte.

 

Segunda forma, según Sun Tzu, de llevar a un ejército y a tu cuenta al desastre: Ignorar todos los asuntos militares y participar en la administración.

Todos los días veo traders que piensan que con libros, me da igual si son de análisis fundamental o de análisis técnico, y unas cuantas horas de pantalla con algunos consejeros obtenidos de Twitter, se tiene el equipo necesario para saltar al ruedo. Hace años era lo mismo con algunos foros de Internet. Y antes de Internet vi llegar a la sala de operaciones a gente había pasado por su vidente de cabecera. He visto de todo. De todo. Y constato todos los días cómo la gente cree estar lista para enfrentarse a algo que es un arte sin haber acumulado experiencias suficientes. El que no haya combatido en corto contra un gran mercado alcista, en largo contra un gran mercado bajista, y de cualquiera de las formas en un gran período de lateralidad, muy probablemente no está listo. Y eso, salvo en el trading muy apalancado que lo acelere todo, no se ha vivido salvo con el transcurso de largos años.

esparta

Tercera forma, según Sun Tzu, de llevar a un ejército y a tu cuenta al desastre: Ignorar todos los problemas del mando y tomar parte en el ejercicio de las responsabilidades.

T´sao T´sao dijo,

Un ejército no puede dirigirse con efecto a lo que es decoroso.

Sepa que tanto el general como el soberano de su ejército están en su interior. El general es su cerebro, capaz de estructurar estrategias gracias a sus conocimientos. Con los conocimientos y actitud adecuados, prácticamente todo cerebro puede humano puede ser ganador en el mercado. Sin embargo, en casi todo humano, y aquí viene el quid de la cuestión, existe un soberano con una tendencia inagotable a la injerencia. Este soberano son sus emociones. La vida no es racional. Y usted tampoco. Buena parte de nuestras motivaciones en la vida, supuestamente racionales, no son más que un cuento que nos contamos a nosotros mismos para reconciliarnos con nuestra conciencia. La más pura y espuria narrativa. Queremos hacer algo y lo hacemos. Luego, nos ocupamos de que huela a rosas. Puede preguntarle a mis socios qué opinan de mi versión de los hechos de amor que nos hemos dado unos a los otros y seguro que las puñaladas parecen justas y necesarias. El cerebro no es una máquina de la verdad sino una máquina para procurar nuestra supervivencia, empezando por la supervivencia afectiva y al amor por nosotros mismos. Pocos humanos escapan de algún modo a esto en la mayoría de las veces, y todos hemos caído en ello más veces de las que nos gustaría reconocer en público.

Mantenga a su soberano lejos del fragor de la batalla. Que sea él quien decida qué debe hacerse con el botín de la guerra, dejémosle disfrutar e incluso considerarse un buen tipo, un altruista o incluso un filántropo, pero no le permitamos que intervenga bajo ningún concepto ni en medida alguna en el teatro de operaciones.

Chang Yu dijo,

La bondad y la justicia pueden servir para gobernar un Estado, pero no para la administración de un ejército. La presteza y la flexibilidad pueden servir para gobernar un ejército, pero no para gobernar un Estado.

Su corazón no entiende, su corazón no piensa y, sobre todo, su corazón es incapaz de aceptar la reflexividad, que existe una sensible diferencia entre la realidad en sí misma y su percepción de la realidad. Hay muchas actitudes supuestamente racionales que no lo aceptan, que viven intentando que la realidad se adapte a sus deseos racionales. Esta es sin duda otra forma de dejar que los sentimientos intervengan. Mantenga su cabeza fría y siempre pegada a la realidad que dictan los acontecimientos. Sólo el precio es real, por tanto no se atreva a discutirlo durante mucho tiempo porque la irracionalidad, como nos enseñó Keynes, tiene más pulmón que la solvencia.

Sun Tzu dijo,

Si el ejército está desconcertado y receloso, los soberanos de los países vecinos crearán dificultades. La confusión del ejército conduce a la victoria del adversario”.

Sus sentimientos son clave a la hora de operar, si nos los tiene bajo control, equilibrados, le harán trabajar de modo dubitativo e irregular, cuando no de forma compulsiva. En cualquiera de esos casos, de poco le van a servir sus conocimientos. En un estado de nervios e indecisión, sus rivales, los inversores que estén al otro lado de la tendencia, le pondrán en apuros constantemente, haciendo imposible que usted pueda salir victorioso a medio/largo plazo. En una situación emocional desequilibrada puede ganar alguna batalla, la suerte influye a corto/medio plazo, pero tiene la guerra perdida desde el principio sea cual sea la capacidad de su ejército.