¿Por qué me siento incómodo con la “ciencia” económica?

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Mucho debe el progreso de la humanidad al desarrollo de las ciencias en general, y a la economía en particular. Sin embargo, como en todo progreso, existe un lado oscuro. De falibilidad y reflexividad le he hablado ya mucho en este blog, que por ahora intenta fijar las bases del pensamiento con el que intento acercarme a los mercados financieros desde hace dieciséis o diecisiete años, cuando leí “Crisis del capitalismo global” de Gerorge Soros.

La búsqueda de conocimiento ha estado guiada por una voluntad de dominio, sin preocuparse por descubrir la diferencia y la pluralidad del mundo real, sino tan sólo de que el mundo se pliegue ante el despliegue de la razón. Ese conocimiento, acaba por olvidarse de conocer el mundo para tenerlo bajo control, para disponer de él, completamente ordenado en sus categorías. Incluso el arte se ha dejado guiar por tales aspiraciones muchas veces, convertido en ejercicios totalitarios… Una filosofía de inversión que quiera seguir existiendo en cualquiera de los casos debe renunciar a tres falsos ideales: la pretensión de totalidad, una verdad positiva única y atemporal, y una razón autofundamentada y autárquica que sólo se alimente de sí misma.

Renunciar a estos ideales significa encontrar otra manera de proceder. Pienso que un analista técnico debería pensar así. Somos mendigos en esta tierra, y el análisis técnico, con su respuesta meramente especulativa y aproximativa, plantea una forma de proceder que puede resultar un poco “floja” para quien piensa de otro modo. Los analistas técnicos pretendemos, o al menos deberíamos pretenderlo, un acercamiento al mercado mediante un contraste continuo entre nuestras ideas y la realidad de hoy, que no es otra que los precios, frente a la mismísima razón si es necesario.

Soros plantea la atrevida idea de que la ciencia económica es el mayor intento de emulación de las ciencias naturales dentro del terreno de lo social, así como el más exitoso -pensamiento que no resulta tan descabellado si uno se da cuenta de que hoy quienes “evangelizan” son instituciones de corte económico como el FMI o el Banco Mundial-. Soros, nos recuerda que los economistas clásicos tuvieron como inspiración a la física newtoniana y su equilibrio en aras de establecer leyes universalmente válidas que permitiesen al pensamiento el establecimiento de hipótesis sobre el comportamiento económico. Los precios del mercado son fluctuantes, y se supone que tienden hacia el equilibrio. Pero éste no puede alcanzarse nunca aunque los actores se adapten a los precios porque el objetivo que persiguen está en constante movimiento. Olvídese de esto del ceteris pairbus…

Citando textualmente a Soros:

el equilibrio es producto de un sistema axiomático. La teoría económica se construye como las matemáticas: se basa en ciertos postulados, y todas sus conclusiones se derivan de ellos mediante la manipulación lógica. La posibilidad de que el equilibrio no se alcance nunca no tiene por qué invalidar la construcción lógica, pero cuando un equilibrio hipotético se presenta como modelo de la realidad, se introduce una distorsión importante.

Pero ¿qué sucede si los propios movimientos de precios cambian la disposición de compradores y vendedores para comerciar con sus productos a precios dados, por ejemplo, porque esperan que el precio suba más en un futuro próximo? Esta posibilidad, que es el hecho dominante en los mercados financieros y también en las industrias dotadas de tecnologías que experimentan rápidos avances, simplemente se descarta.

El supuesto según el cual las curvas de oferta y demanda están dadas independientemente es necesario para determinar los precios de mercado. Si no existieran curvas de oferta y demanda dadas independientemente, los precios dejarían de ser determinados de manera única. Los economistas quedarían privados de su capacidad de ofrecer generalizaciones comparables a las de las ciencias naturales. La idea de que las condiciones de la oferta y demanda pueden ser en algunos aspectos interdependientes o depender de la evolución del mercado puede parecerle incongruente a quienes se han nutrido de la teoría económica; pero eso es exactamente lo que supone el concepto de reflexividad y lo que demuestra el comportamiento de los mercados financieros.

Eso de no permitir que la realidad nos estropee un buen modelo es francamente peligroso. El analista técnico trabaja como lo hace porque no acepta esos postulados científicos y quiere, por encima de todo, estar cerca del juez que determinará lo que sucede en su cartera: la realidad. No todos podemos permitirnos correr el riesgo de que nuestro fondo `value´ se de-`value´ un 50 por ciento en 2008 sólo porque es un hecho “imprevisible”.