invertir es un arte

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Para hablar de los puntos fuertes y de los “inconvenientes” del análisis técnico me ha resultado imposible no terminar con la misma idea: esto es un arte. Preferí considerarlo un inconveniente, aunque de hecho puede ser visto como una ventaja porque pone las bases de una comprensión decente al alcance de todos.

Considero que vale la pena detenerse por un momento en la palabra “arte”; pues encarna perfectamente ese binomio, actitud más aptitud sobre el que versaba mi anterior post, la bolsa es la vida. Si es usted un buen profesional de cualquier actividad seguro que está convencido de que acercarse a la misma es un arte. Invertir, siendo como es algo que tiene un componente eminentemente social, lo es mucho más que la mayoría de las cosas a las que pretendamos dedicarnos. Y no sólo si se hace técnicamente.

Fernando Savater en su libro “El valor de elegir”, afirma que consideramos “arte” a la destreza en un determinado ámbito práctico, cuyos principios básicos pueden aprenderse (y por tanto enseñarse), mientras que sus más elevados niveles de experiencia carecen de reglas precisas y sólo pueden admirarse en el ejercicio de individuos sobresalientes. De modo que “arte” es aquella habilidad que, una vez aprendida, aún no se domina del todo y admite grados muy diversos en el acierto o estilo propio con que se desempeña…, resulta pues que el “arte” de vivir -de invertir en nuestro caso-, si queremos aceptar que existe, podrá ser parcialmente aprendido pero no mostrará sus mejores logros sino en ciertos modelos especialmente afortunados cuyos comportamientos después habrán de convertirse en clásicos -es decir, en dignos de ser estudiados como ejemplos a imitar… Como cualquier otro “arte”, el de vivir -y el de invertir- consiste en discernir entre las diferentes formas de actuar… El “arte” establece en su campo una axiología -qué es lo bueno y lo malo, lo mejor y lo peor, que es lo que vale y lo que no vale- y una deontología -qué debe hacerse en cada caso y cómo-.

Aptitud y Actitud. Desengáñese por tanto si piensa que leyendo este blog descubrirá los arcanos de la especulación desde un punto de vista técnico, o si lo considera una línea directa a la rentabilidad. Como me ha gustado repetir desde que cree Bolságora, podemos dar llaves pero no abrimos puertas. El éxito va a depender en mucho de usted, de su voluntad y capacidad de lucha y superación. El arte de invertir, en tanto que tal, no puede llegar a buen término sin la axiología -aptitud- y la deontología –actitud- adecuadas al fin que se persigue: estar en sintonía con la realidad para poder ganar dinero. Sí, eso que pretendemos cuando usamos gráficos total return, por ejemplo.

Recordamos a Sócrates por su archifamoso “sólo sé que no se nada”. No estaría mal para nosotros, simples mortales, que empecemos por considerarnos unos completos ignorantes. Y a partir de ello, tratemos de empezar a construir bajo nuestra siempre insuficiente capacidad para comprender la realidad a través de nuestra paradójica necesidad de razonar sobre nuestras acciones.

Esto, ser conscientes de los límites, es algo que no tengo demasiado claro que hayamos hecho los economistas en general y los analistas del mercado en particular. No es esa la disposición habitual de la razón y no han escapado a ello las llamadas ciencias sociales. Es de este punto de partida de donde nacen muchas de las debilidades de las aproximaciones al mercado. Conviene no confundir la necesidad de meditar sobre algo con la convicción de que ese algo meditado es la realidad misma. Pecamos frecuentemente de una ciega confianza en la racionalidad. Es en este punto donde me ha ayudado muy especialmente haber leído a George Soros, y como a él cierto tipo de filosofía. En las próximas semanas dedicaré algunos posts a divagar sobre algunas ideas que me parecen esenciales para ir estableciendo un punto de partida…