Empecemos con las formaciones técnicas

Share Button

Decía en mi anterior post que me resulta un misterio el motivo por el cual se habla de patrones de cambio de tendencia y de continuidad. Un análisis tranquilo de la realidad nos permitirá ver que todas las formaciones pueden romper por un lado y salir por el otro, que una transición puede derivar en un cambio de tendencia o en la continuidad de la misma de forma muy parecida si no exactamente igual.

No hay mejor modo para demostrarlo que empezar a hablar de patrones. Algo que intentaré hacer con mi pesada costumbre de razonar. Para describir figuritas hay tanto material publicado que que vergüenza me daría colgar una sola línea. Y como hay que empezar a demostrarlo por un algún lado, empecemos por el legendario cabeza y hombros invertido (hchi).

Esta es su secuencia ideal:

  hch

Como puede verse, durante un cierto tiempo los mínimos y los máximos -ponga énfasis en los máximos durante tendencias bajistas- descienden. Llegado el momento, dejan de hacerlo para iniciar un movimiento lateral. La confirmación de la pauta sólo se producirá cuando los mínimos y máximos sean crecientes, ¿Cómo si no íbamos a poder hablar de un aparente cambio de tendencia?, y no cuando se perfore la línea clavicular -o neck line– que une a los últimos máximos relevantes; elemento que podemos considerar un filtro de importancia cuando la línea en cuestión sea ascendente. Recuerde que las líneas las ponemos usted y yo, y eso ya debería hacernos imaginar lo poco importantes que son. Hay por supuesto quien ve el patrón desde la misma zona de mínimos (C), y es que la imaginación es poderosa. En el mundo de los analistas técnicos, la realidad NO supera la ficción.

 xxPuede verse en el chart de Telefónica que la secuencia de mínimos y máximos decrecientes es una constante al principio. Llegará un momento en que esa inercia bajista se agotará, los máximos dejarán de decrecer claramente y los mínimos empezarán a crecer. Se entra en un debate, un período de equilibro entre alcistas y bajistas que los precios expresan con lateralidad. Desafortunadamente para los bajistas, el resultado final será comprador, con un despliegue de máximos crecientes por primera vez en mucho tiempo.

Insisto una y otra vez en que esto es lo importante, pues eso es todo -además del proceso de lateralidad (acumulación)- lo que merece la pena destacarse. El resto está en nuestra imaginación. Y es tan obscena la imaginación de los que se acercan al mercado con sus gráficos… Simplemente se ha producido un cambio en las convicciones del mercado, expresadas hasta entonces en el discurso del precio por continuos mínimos y máximos decrecientes. Las fuerzas dominantes, aparentemente, se han invertido y el dominio pasa a ser alcista. Por sus frutos les conoceréis. No hay más, aparentemente, las expectativas -que se concretan en acciones de compra/venta- han cambiado después de un proceso de reflexión.

Lejos de ser un milagro o algo esotérico, la formación de cabeza y hombros invertido (HCHi) no es más que uno de los pocos modos en que pueden cambiar las tendencias bajistas a la luz de nuestros pequeños ojos: primero los precios retroceden, en ondulaciones, dejando máximos decrecientes como corresponde a toda tendencia bajista, llega un momento en que éstos son incapaces de mantener dicha inercia y se entabla un proceso lateral -el debate entre las fuerzas del ágora- donde los máximos dejarán de decrecer con tan indudable claridad, y los mínimos -una tendencia frecuentemente va a intentar continuar aunque finalmente falle en el intento- ya no serán sostenibles sino crecientes en mayor o menor medida para el caso del cabeza y hombros invertido. Obviamente, estoy hablándole del proceso de lateralidad. Se produce la señal de alerta para los osos en ese momento, pero sólo cuando se produzcan máximos crecientes se confirmará el cambio de tendencia.

Verlo así, no hay muchas formas de dejar de caer por muchos pies que le busquemos al gato, como algo que refleja el cambio de mentalidad en el mercado, donde se produce una menor presión por parte de unos bajistas -que salen del mercado o cambian de bando- al tiempo que, probablemente, va creciendo el peso de los alcistas, supone dejar de ver al cabeza y hombros invertido como algo mágico. Y además impide ver formaciones que no existen. No hay patrón sin confirmación.

 

Dándonos cuenta de que una formación de cabeza y hombros invertido es simplemente un reflejo del cambio de dirección de la tendencia, nada más, obtendremos mucha mayor confianza y plasticidad a la hora de operar. A partir de ese momento, dejando de ver algo “sobrenatural” tras las formaciones, no sólo reforzaremos nuestra comprensión y por tanto nuestra confianza a largo plazo en la operativa que desarrollamos, sino que estaremos más preparados para algo tan o más importante: reconocer el error. El cabeza y hombros invertido no es una aparición que nos habla desde el cielo, sino simplemente la tendencia invirtiéndose de uno de los pocos modos en que es posible físicamente (y por tanto gráficamente): primero los máximos y mínimos dejan de descender, posteriormente los mínimos y máximos crecerán. Esto que puede parecer una obviedad que debería entender un niño de 12 años luego no parece resultar tan evidente. Será que nos hacemos mayores.Y no lo digo sólo porque como creyente en la fe he padecido esa aproximación cándida a los charts en mis primeros años como profesional, sino porque desde el rechazo al análisis técnico puede producirse el mismo tiempo de delirio pero por el lado contrario.

Le contaré una anécdota…

Hace ya muchos años tuve el privilegio de dar unas charlas para una comisión del Ilustre Colegio de Economistas de Madrid sobre visión técnica del mercado. Por cierto, resultó ser completamente errónea. Al acabar la exposición, una analista de un banco de primera línea, con la que trabé una excelente relación, me dijo algo así como: “Bien, después de mucho tiempo nos has convencido. Aceptamos que existen tendencias como algo indudable -como aquel que, condescendientemente- acepta pulpo para que no te lleves el “scatergoris”-. Pero lo que no puedes ni podrás hacernos creer es en la validez de unas figuras”.

Esta es una actitud demasiado común en muchos inversores. Fíjese en el detalle: la analista creía que una secuencia de mínimos y máximos crecientes o descendentes, una tendencia, tenía mucho sentido. Incluso influencia. ¡La aceptaba por fin! Sin embargo, lo contrario, el cambio de tendencia, que es simple y llanamente lo que supone el despliegue de una figura de vuelta chartista, no tenía sentido alguno para ella. Obviamente veía la imagen, pero no entendía el por qué de la misma. Y diría que es algo asombroso si no lo viera cada día. Antes, probablemente, mi estimada analista tampoco se había parado a pensar en qué es la tendencia y cuáles son las ventajas que puede obtener una aproximación no conductual si las considera. Sin entender, cuesta obrar en consecuencia. Sin convicción en un método nunca se tendrá la actitud necesaria para sacarle partido porque especular es un arte, que cuanto hablamos de chartismo consiste, esencialmente, en una colección de reglas que configuran una techné estadística que deja de ser tal cosa si no las hay. El arte no es improvisación, ni puede resultar anárquico. Por ello, la actitud es la parte más importante en la ecuación que explica el éxito o el fracaso a largo plazo.

Si se está preguntando qué paso con Telefónica ya se está equivocando. Eso no importa. ¿A caso cree que iba a ponerle un gráfico que falle? ¡Por Zeus, que soy un analista técnico!