El reverso tenebroso de la razón

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El chartismo y las demás cuestiones propias del análisis técnico han pecado de “frentistas” frente a las aproximaciones convencionales -fundamentales y macroeconómicas-, dedicándose por lo general a dictaminar una nueva fe, a proponer un enfoque radicalmente distinto pensando en aquellos que buscan alternativas desde la desilusión.

Sin embargo, estoy plenamente convencido de que los acercamientos conductuales al mercado pueden compartir el terreno de juego de aquellos que confían -y hacen bien- en otros métodos. En Ágora EAFI, por ejemplo, la filosofía conductual de nuestra aproximación al mercado sigue dos vías, y en la mayoría de los productos que trabajamos la selección de activos se hace total o parcialmente a través de algoritmos de corte fundamental.

Cuando hablo con colegas fundamentalistas intento hacerles entender que no somos el enemigo. Pienso que, con un poco de sosiego, todos podemos aceptar que cualquier método de análisis al mercado tiene carencias. Por supuesto, también una aproximación meramente chartista. Con todo, entiendo que son los gráficos, por representar la acción del mercado en tanto que tal, los que mejor nos pueden orientar en relación a nuestra cercanía con la realidad. Como afirmaba Keynes, el dinero puede terminarse antes de que el mercado deje de ser irracional; de modo que tener la razón puede no ser lo más determinante. Pienso que es un acto de humildad necesario para todos convenir que ninguna de nuestras convicciones tiene auténtico sentido si al final el mercado no las respalda.

Como hace cualquier ciencia que se precie de serlo, no se sostiene como válida hipótesis alguna que la realidad refute por bella que sea o por bien planteada que esté a la luz de la razón. La ciencia es algo que funciona experimentalmente, y un experimento es aquello que puede confutar -nunca confirmar- una teoría. Mal vamos cuando pensamos que si la realidad no se parece a la teoría, peor para la realidad… Combatir esta clase de pensamiento es el primer y más grande objetivo de aquel inversor/especulador que se preocupe por controlar la descapitalización. La razón, totalizante por naturaleza, produce monstruos y es un dogma equiparable al oscurantismo.Los sentimientos más nobles condujeron a Anakin Skywalker al lado oscuro, convirtiéndole en Darth Vader. No se deje seducir por el reverso tenebroso de la razón.

De todo modo, cuidado con confundirse. El análisis técnico es una colección de eventos que no permite estructurar episteme -saber cierto- sino doxa -conjeturas-. No hacemos ciencia, pero podemos configurar algún tipo de techné que nos ayude a tomar decisiones de inversión. Es cierto sin embargo que nosotros intuimos la importancia de la irracionalidad cuando esas cosas no estaban de moda…

Matteo Motterlini, profesor de Filosofía de la Ciencia dedicado a la neuroeconomía, afirma que la mayoría de las personas -el 60% de los encuestados- se porta de manera irracional en el terreno de las decisiones de inversión cuando se trata de tomar decisiones que relacionen ganancias y pérdidas potenciales. Según él, y me lo creo, las neuronas nos convierten en títeres de las emociones que han desencadenado, inconscientemente, frente a una determinada situación.

¿Sabía que se ha demostrado que las personas que tienen mayor volumen de materia en la amígdala sienten más aversión a la pérdida que otras? El cerebro ya tiene “programadas” unas trampas que se activan automáticamente y se interponen entre nosotros y nuestras decisiones. Por ejemplo, preferimos un alimento light al 95% antes que uno con el 5% de grasa, estamos más dispuestos a gastarnos cinco billetes de 10 que uno de 50, y tratamos de manera diferente la paga extra al sueldo mensual. Es algo que no podemos evitar, nunca lograremos anular del todo los “engaños” de la mente, pero sí podemos tratar de minimizarlos.

A Rustichini le hicieron recientemente la siguiente pregunta: ¿Existe el agente económico perfecto? Su respuesta fue, sí, y combina grandes emociones y gran racionalidad. Hay pocos. Y se han hecho riquísimos. Hay quien dice que el análisis técnico no ha hecho rico a nadie. Y es que ignorantes, en cambio, hay muchos.