El mito del cuidador: ¡Salve a esas criaturas salidas de las entrañas de Mordor!

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El discurso de los cuidadores como entes con poder para llevar a los precios a donde les parece y cuando les parece es algo a lo que, lamentablemente a mi juicio, se ha recurrido demasiadas veces por parte de los analistas técnicos. Para mí, que algo del mercado sí he visto en 20 años, es una de las cosas que más daña la credibilidad de lo que hacemos y al empaque ideológico de nuestras convicciones. 

Resulta incongruente pensar en que un mercado ampliamente participado se comporta como masa, con independencia del tamaño de sus agentes, y sostener al tiempo que determinadas élites lo manipulan a  su antojo. Es obvio que si existieran dichas elites sería imposible constatar la existencia de las pautas de comportamiento que los analistas grafican: ¿Alguien que razone un momento sobre esto puede dar por bueno que existan grupos que pretenden conscientemente manipular a los demás desde el mercado, financiándose desde su mayor conocimiento a través de las pérdidas de la mayoría, y que al tiempo esas élites sean tan bondadosas como para dejar un camino que podría seguir hasta un niño de 12 años? El que así piense, acaba de darle la razón a todos los que consideran que el análisis técnico es una estupidez y debiera reflexionar sobre si, en coherencia, debe seguir utilizándolo.

Es evidente que si existiera una élite capaz de hacer con el mercado lo que le viene en gana, no sería tan cachonda como para permitir que la mayoría pudiera constatar pautas fáciles de seguir y con las que resultase posible beneficiarse del mercado. Si el poder de esta élite fuese el que se le supone, simplemente, no habría pautas que identificar porque en el ejercicio de sus intereses eliminarían cualquier ruta que pudiera ayudar a esa mayoría que se intenta manipular. ¿Habrían quebrado tantos poderes financieros en 2008 si ciertas élites pudiesen hacer lo que quieren? Y sin embargo, la gente sigue pensando que pierde dinero porque el mercado está manipulado. Ya sé, ya sé… el Club Bildelberg y el sionismo internacional crean la crisis a consciencia para que pueda emerger un mundo nuevo a su despótico gusto:

Ash Nazg durbatulûk, ash Nazg gimbatul, ash Nazg thrakatulûk agh burzum-ishi krimpatul.

-traduciendo desde la lengua negra: un anillo para gobernarlos a todos, un anillo para encontrarlos, un anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas…, en las Tierras de la FED, donde se extienden las sombras, por supuesto-.

El discurso del cuidador -que de haberlos los hay pero que no tienen ningún poder real sobre la tendencia, luego ninguna de las ventajas que algunos les suponen (en realidad son, esencialmente, operadores dedicados a dotar de liquidez a los títulos a fin de que éstos tengan las características que piden ciertos inversores para poder incorporarlos a sus carteras)-, siempre me ha parecido un discurso que puede responder a los intereses de alguien dedicado a vender enciclopedias, cursos, suscripciones o demás cuestiones -que aunque parezca mentira no tienen porque estar relacionadas en realidad con la gestión del dinero-, pero nunca a los del análisis técnico en tanto que tal. Cosas completamente legítimas y seguramente algunas buenas o muy buenas -y quiero pensarlo porque yo no hice asco a ese tipo de negocios durante buena parte de mi vida y pienso que fui honrado también-, pero no por ello relacionadas, necesariamente, con obtener resultados.

Hay analistas, también técnicos, que han hecho del decirle a la gente lo que quiere escuchar un lucrativo negocio. ¡Y la gente encantada! El discurso del cuidador me parece profundamente perjudicial para un inversor de a pie que encuentra en ello la perfecta excusa para no culparse a sí mismo de sus errores, culpando al malvado de turno de nuestras pérdidas -lo hacemos todos- se descansa mucho mejor. El cuidador es como el hombre del saco para los niños, ninguno lo ha visto pero todos lo temen, y muchos inversores minoristas acaban por convertirlo en el blanco de sus frustraciones y falsas creencias, condenándose así a sí mismos a repetirse una y otra vez porque lo que practican no es inversión sino ludopatía. Y como en el casino, en el mercado se acaba la suerte. Por suerte, en éste, y ese es un tema que tocaré en otro momento, podemos hacer algunas de las cosas que no nos dejan hacer en el casino como contar cartas…

Te propongo que le digas al cuidador lo mismo que le dijo Gandalf al balrog en Moria…

¡Regresa a sombra! ¡No…, puedes…. Pasar!