El estúpido mito del autocumplimiento

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Debemos tener presente presente que el análisis técnico es algo menor en el mercado. ¡Es vital que entendamos esto! La inmensa mayoría del dinero ni siquiera hace algo más que entretenerse, en el mejor de los casos, con ello. La gran mayoría, ni siquiera considera esta “cosa” que a nosotros nos ocupa. Y así debe ser porque así está bien. Luego no vayamos a creernos lo que no somos, no vaya a ser que eso nos impida entender de qué va incluso lo que nos interesa…

El mercado es un gran combate entre argumentos que se alinean en dos grandes fuerzas, oferta y demanda, de las que sabemos todos relativamente poco, incluso los que las estudian, y ante las que los técnicos no pintamos nada. Los técnicos, por lo general, somos francotiradores, gente que pasaba por allí.

Cualquiera que sepa usar el análisis técnico es consciente de que en la mayoría de los momentos no debemos hacer nada salvo que estemos llegando tarde. Y el que llega tarde en un lugar tan competitivo como el mercado está visto para sentencia a largo plazo. Poco pinta, por tanto, su modo de ver un chart. Así, aunque desde un punto de vista del análisis técnico, por lo general, el momento óptimo para operar ya pasó o no ha llegado -casi siempre estamos esperando que se alcance o se supere una zona clave-, en el mercado siguen moviéndose trillones en los activos en los que nosotros estamos pensando en operar. Antes y después. A lo largo del tiempo, salvo en contadas ocasiones, ni se nos ve ni se nos huele. Y está bien que sea así, porque así debe ser.

La inmensa mayoría del dinero que circula por el mercado lo hace por cuestiones que tienen poco o nada que ver con un soporte o con el tipo de tendencia en el que estamos. Por tanto, olvidemos ese argumento que invita a no ajustar porque es lo que hace la mayoría de la gente que estudia gráficos. Lo que vemos los que hacemos chartismo de poco importa, pues lo que cuenta es lo que hace la mayoría del dinero; no la mayoría de la gente. Esto del mercado no es una democracia moderna. Y los patricios de este juego no lo utilizan, básicamente porque tienen demasiado dinero para gestionarlo así. Y está bien así, porque así debe ser.

El gran dinero es el que define los procesos de acumulación y distribución. También esos momentos tan concretos que llamamos rupturas y que generan órdenes chartistas de compra o de venta. Luego es ridículo pensar que el análisis técnico se autocumple como afirman tanto sus racionales detractores como muchos de sus feligreses, más irracionales ellos. No hacemos análisis técnico para saber qué van a hacer los analistas técnicos, sino para saber qué van a hacer las fuerzas de la oferta y la demanda en tanto en cuanto que, cual radiografía en el traumatólogo, los charts nos dicen cosas sobre éstas. Fuerzas, las de oferta y demanda, que los técnicos renunciamos, humildemente, a conocer. No nos interesan ellas, sino quién domina la partida que entre ellas se juega. Sin más. Y está bien que así sea, porque así debe ser.

El chartismo es una colección de patrones que nos permite hacer consideraciones sobre una fuerza que teóricamente domina, y que es preexistente a éstos en tanto en cuanto que es quien los genera. Cuando una resistencia se rompe y lo precios se mueven, lo hacen porque existía previamente una fuerza dominante que ha acabado por absorber todo el papel y generado esa ruptura alcista. Y viceversa. Como es lógico, esa fuerza no es un ente mágico que juega a alentarnos a tomar una posición para desaparecer con la ruptura. Ni cuidadores, ni conspiraciones, ni gaitas en vinagre.

Como es lógico también, esa fuerza que desconocemos -véalo en plan relajado, sin asustarse, como a la mano negra de Adam Smith en la economía, o al primer motor en la cosmología de Aristóteles-, sigue siendo en general tan dominante como lo era antes de que se produza la ruptura de un nivel clave para los analistas técnicos; que por eso la provocó. Las órdenes técnicas que se agreguen al movimiento en curso tras la ruptura de un nivel clave, pues le vendrán bien para el muy corto plazo, o no, y generarán algo de aceleración, o no…, pero nada más. Esa fuerza incognoscible es dominante también después de la ruptura, y por tanto suele seguir ejerciendo su gobierno sobre la tendencia tras la confirmación de un patrón. El patrón, por tanto, no explica NADA para alguien que sepa donde debe encontrar explicaciones.

Es esa fuerza que no intentamos conocer y que reina exante -y que esperamos siga haciéndolo expost-, y no una chorrada como un gráfico o algo más chorras aún como somos los chartistas, la que está detrás del movimiento. Lo está antes, lo está durante, y recemos a los dioses para que lo esté también después de una señal clave para el chartismo. Es esa fuerza, que no conocemos pero cuyo dominio podemos observar, la que explica que de vez en cuando acertemos con los gráficos. No lo es, desde luego, el que estemos mirándolos, cada cual a nuestra manera, unos cuantos especuladores con complejo de oráculo. Y miedo da como se los miran algunos, la verdad.

Las fuerzas que rigen el mercado no usan análisis técnico, al menos no de un modo muy decisivo. Pero los analistas técnicos podemos, con nuestras pequeñas herramientas, seguir el rastro de esas fuerzas y seguirlas.