El cómo importa mucho más que el cuánto…

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De vez en cuando tengo experiencias religiosas. Departo con mucha gente de mercados, y pasan los años sin que el personal deje de sorprenderme… De todos los desvalidos, mis preferidos son los que quieren altos retornos en un plazo corto de tiempo. Víctima fácil de los que se atreven a cobrar el 10% del capital a un cliente, que los hay, por poner su dinero en el mercado cada vez que se dé un paso, en una fórmula indecente llamada “asesoramiento puntual”. Tenga muy claro que encontrará quien le prometa lo que quiera escuchar con tal de que pase por caja. Y perderá su dinero.

Son demasiadas las personas que tienden a fijarse tan solo en la rentabilidad obtenida y no en cómo se obtiene. Esto explica porque la gente apuesta por un sistema de especulación si le dicen que logrará un 100 por 100 en un año aunque no exista ningún producto financiero en el universo conocido que haya rentado eso sosteniblemente. Ni de lejos… Y es así porque todo el que lo ha logrado puntualmente ha quebrado finalmente o ha dejado de trabajar para los demás. Es importante el “cómo”, y confío que cuando termine de leer esto le dará mayor valor del que normalmente se le da. Por no saber “cómo” se consiguen los resultados ex ante, corremos el riesgo de no preguntarnos por ello hasta que ese “cómo” nos lleva a pérdidas incontroladas. Y no sirve para nada preguntarlo cuando nos hemos convertido en zombies financieros.

Le contaré una historia, que seguro le sonará por su ascendente bíblica, que me parece oportuno trasladarle por las enseñanzas que aporta a la hora de tomar decisiones:

Cuentan que un padre decidió probar la habilidad inversora de sus hijos para decidir quién de ellos gestionaría el patrimonio familiar en un futuro. Para ello decidió darle una cantidad simbólica a cada uno de ellos, encomendándoles la tarea de hacerlo crecer durante el año que entraba. Al final del mismo, le darían cuentas de lo que han hecho con él.

Al año, convocó a sus tres hijos para que le rindan cuentas. El hijo mayor le devolvió la misma cantidad diciéndole: papá, yo se que el dinero es muy importante en la vida y por eso, para no correr riesgos, lo enterré bien seguro y ahora te lo devuelvo, como puedes ver está intacto y no ha corrido ningún riesgo. El padre le dio las gracias y preguntó a su segundo hijo.

Éste, el mediano, le entregó 1,11 euros y se explicó afirmando que también era consciente de lo importante que es el dinero, pero no menos de que si no superaban la inflación cada día su nivel de vida sería menor. Por ello decidió repartir el capital entre distintas inversiones, con distintos porcentajes, amoldarse a qué cantidad debía invertir en cada uno según un criterio de riesgo asumido en relación con la rentabilidad potencial, y que ese había sido el resultado final. El padre le dio las gracias y preguntó a su tercer hijo.

El hijo pequeño, sonriendo, le entregó la cantidad recibida multiplicada por 1 millón. Ante la sorpresa del padre y de los hermanos, preguntó: ¿Cómo has logrado hacer crecer hasta el infinito mi dinero hijo mío? Su hijo le contestó que fue sencillo: apostó el capital en la lotería y le tocó.

¿A quién entregaría el patrimonio familiar usted si fuese padre de esos hijos? Si su respuesta es la misma que la mía es porque evidentemente para usted el “cómo” importa, y es consciente de que un eficiente control del riesgo en las tomas de decisiones es clave para poder invertir su dinero.

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