El camino del acontecimiento más probable

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Quizá todos estos posts un poco filosóficos te parecen un poco nebulosos, pero te ruego que sigas teniendo paciencia. Un individuo inteligente no especula para divertirse. Y establecer un modo de operar requiere una forma de pensar porque necesitamos consistencia. Consistencia en entornos de incertidumbre, lo que se logra con un don de los dioses -hay gente que nace con ello- o preparando a la mente para enfrentarse a ésta. Sentar unas bases “ideológicas”, si me permites la palabra, reforzará algo de lo que hablamos en su momento: tu actitud en el mercado.

Nos hemos encontrado con un problema cognitivo: no estamos seguros de nuestro modo de conocer, y no tenemos herramientas que puedan ponernos frente a frente con la realidad aunque podemos hacer uso de algunos cachibaches que nos acerquen a ella de algún modo. Un inversor que se mantenga constantemente alejado de ésta, puede estar pecando de soberbia.

Darwin, al que se apela muchas veces mal, nos hizo caer en la cuenta de que el que sobrevive es el más adaptable, no el más fuerte. Sobrevivir es lo primero, y para ello no parece demasiado conveniente encontrarse entre aquellos que están lejos del juez que a posteriori quita y da razones. Ya te hablé de las ideas de Soros sobre el poder creador de la realidad, de eso que él denomina la función manipulativa del mercado… Y ojo con entender esto mal, pues no se trata de que unos hombrecillos verdes o negros puedan hacer con él lo que quieran -cosa que nos encanta para justificar nuestros errores- sino de que éste puede transformar las expectativas y, por ende, el camino de los acontecimientos tal y como podrían haberse pensado ex-ante desde una óptica impepinablemente racional.

Son muchos los que se han arruinado por completo antes de que el mercado se diese cuenta de sus errores. Y sin duda, con algo de habilidad y humildad, habiendo estado errado como el mercado y asumiendo el cambio de ideas que en éste se producirá cuando descubra su nueva verdad, el camino podría haber sido mucho más confortable. La rentabilidad no lo es todo, también importa cómo ganamos el dinero porque hay modos de ganarlo que nos pueden resultar incómodos.Y eso no es algo que pasa sólo en el mercado, sino que puede pasar también cuando uno dirige una compañía, por ejemplo, como podrás comprobar cuando este blog se torne más personal y hable sobre mis experiencias en el campo del emprendimiento. Hay dinero que es mejor no ganar.

Pero volvamos al tema, que me desvío…  Los grandes sistemas de trading no están basados en estar en lo cierto sino en la esperanza matemática, en buscar acontecimientos relativamente probables y mantenerse dentro de los mismos el tiempo suficiente para que unos cuantos aciertos puedan justificar muchos errores. También puede valernos que muchísimos pequeños aciertos compensen algunos grandes errores. No existe un solo camino, ni todos debemos recorrer el mismo aunque desde el fondo de capital riesgo al scalper,todos buscamos la misma cosa: ganar, que no acertar, no dejes que te traicione tu cerebro de reptil como a ese jugador de ajedrez del montón que quiere comerse todo lo que le ponen por delante. Es cierto, como ha sido demostrado por los psicólogos clínicos, que a la mente humana le irrita equivocarse y que eso lleva a la toma de decisiones irracionales. También hablaré de ello más delante, dentro de unos meses, cuando toque darle una vuelta a la parte psicológica del “juego”, de aquello que enunció brillantemente Walt Kelly sirviéndose de Pogo en una sola frase: hemos descubierto al enemigo, y somos nosotros mismos.

pogo

Bajo mi punto de vista, un especulador retiene siempre en la mente que no está trabajando en el plano de las ideas sino con algo mucho más terrenal. Un buen especulador sabe que en la búsqueda de la verdad estamos desamparados. Se ha dicho, y los técnicos estamos de acuerdo, que el único juez válido es el mercado. Es precisamente a eso a lo que se refiere Soros al recordarnos que los principios fundamentales tendrían poco interés si no fuera por el hecho de que influyen en los precios. Luego es el precio y nada más que el precio aquello que resulta de interés en tanto que tal para un analista técnico. Sólo el precio tiene interés final, y sea cual fuere nuestro discurso caerá en saco roto si los éste no lo apoya más tarde o más temprano. Por eso los chartistas y demás analistas técnicos buscan patrones en éste, porque consideran que detrás de ese ejercicio estadístico puede forjarse un modo de enfrentarse con éxito al mercado en el largo plazo -ojo que no estoy diciendo que debas operar a largo plazo, sino que debes seguir en la partida mucho tiempo para que la probabilidad haga su trabajo, luego lo primero es no descapitalizarse-. El nuestro no es un trabajo basado en la verdad, ni siquiera es algo que pueda basarse sólo la probabilidad como pensaba cuando empecé en todo esto, sino algo que se consigue renunciando a conocerla, gestionando los aciertos y los errores, gestionando la probabilidad. Hasta llegar a ello, nos queda por delante un largo camino relacionado con los patrones.

Viajemos por un momento a la antigua Grecia. A la Atenas donde pasó mucho tiempo Aristóteles, en el siglo IV AC. Una época de democracia y leyes, prominentemente oral, donde los argumentos resultaban capitales para el progreso de las ideas. Esto fue así en parte por la naturaleza de su sistema político, donde las decisiones sobre asuntos públicos o litigios privados las tomaban grupos humanos cuya opinión debía decantarse de un lado u otro, luego donde la justicia era administrada a la luz de las convicciones de magistrados a los que había que convencer para que dictaran sentencia.

Es justamente así como funciona un mercado financiero: una democracia cualitativa donde nos encontramos con seres humanos tomando decisiones, votando con sus dólares, yuanes, pesos, euros, yenes… De nada servía en el tiempo de los antiguos griegos esa verdad con la que especulaban sus filósofos si uno se encontraba frente a unos magistrados poco amistosos -el buen Sócrates podría hablarnos de ello si regresase-. En nuestro mundo, el de los mercados financieros, de nada servirá una hipótesis sobre la realidad futura que intentamos descontar, si no es apoyada posteriormente por los precios en el mercado. La naturaleza de los procesos judiciales proporciona una perfecta analogía con mercados financieros: usted puede ser inocente y acabar en el corredor de la muerte. No se olvide, los precios dictan sentencias, y muchas veces son injustas porque a uno se le ha acabado el dinero para seguir pidiendo tiempo.

Platón, el primer gran idealista, siempre mostró un gran desprecio por la retórica. En su diálogo Gorgias trata de demostrar que ésta, como arte, consiste en la habilidad de defender lo indefendible siempre que produzca suculentos beneficios con independencia de la moral. Frente a esta retórica en aquel tiempo aparentemente convencional, Platón propone en otro de sus diálogos -Fedro- una retórica ideal, como no, en que una persona virtuosa puede dirigirse hacia la verdad a través de un conocimiento preciso de ciertas técnicas -la mayéutica-. De lejos vienen las pretensiones humanas de conocer en la totalidad, y las críticas a las posiciones pragmáticas. Platón vivió siempre en una eterna cruzada contra los sofistas, y como en toda cruzada llega un momento en que el fin justifica los medios cargando si es menester contra todo en aras de la verdad y la moral, incluso allí donde lo moral no tiene cabida, incluso cuando sospechamos que la verdad es un instrumento de supervivencia psicológica creado por nuestra mente. Avíseme si en algún momento piensa que este blog se ha tornado una cruzada, pues se lo agradeceré. Yo, por naturaleza, soy un idealista, y debo hacer esfuerzos constantes para domesticar a mi licenciosa mente. Aunque ya sabe aquello que dijo Séneca: más seguro está en la virtud aquel que ya pasó por los vicios.

El mercado financiero, para los que participan activa y librementemente en él, es lo más parecido a un mundo en configuración, donde lo que prima es la ley de la selección natural, donde los más aptos se imponen los demás.

Aristóteles, como en tantas otras cuestiones, nos permite regresar del mundo ideal de su maestro poniendo de manifiesto todo el interés que tiene para su sociedad la retórica. El estagirita considerará que la retórica, como la dialéctica, no es moral ni inmoral en sí misma, sino que nos la planteará como un simple instrumento intelectual que puede aplicarse a determinados objetivos. En el caso que hemos tomado, podría servinos para conseguir que el mercado, a través de sus magistrados los precios, nos sea propicio. Aristóteles se dio cuenta de la naturaleza del sistema en que vivía realmente, y de la importancia que tenía adaptarse a él para, incluso, sobrevivir. Es de imaginar que su conclusión sobre la muerte de Sócrates fue muy distinta a la que sacó su maestro, por lo que decidió llevarse bien con el mundo en lugar de enfrentarse a él. Intelegente por su parte, afortunadamente en el mundo seguimos quedando platónicos. Pero cuando hablamos de rentabilizar nuestro dinero -o de dinero a toda costa si se elige ese patético camino-, bien finito y necesario que cuesta mucho más mantenerlo que conseguirlo, quizá sea bueno bajar del Topos Uranos y ejercer con cierto pragmatismo. Se lo digo yo, que le reconozco que me ha costado y me sigue costando.

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En un de sus obras, cuyo nombre le será fácil de deducir, Aristóteles contrapone dialéctica y retórica. Si para Platón la dialéctica era razonar sobre todo problema que se proponga a partir de cosas admisibles, para Aristóteles la retórica es la facultad de considerar en cada caso lo que puede ser convincente. Pensar en lo impensable, uno de los lemas que siempre hemos propuesto en Ágora.

Si para admitir algo debemos saber que es cierto, y los mercados descuentan un conocimiento imposible de contrastar a priori debido a la existencia de reflexividad y conocimiento imperfecto, resulta obvio que no podremos trabajar sobre ideas plausibles, sino que debemos conformarnos con cosas razonablemente probables. Una postura que Platón habría criticado con acidez, dedicándonos un diálogo apasionante entre Sócrates y Soros. Pero Aristóteles fue muy crítico con sus antecesores en este aspecto. Para él, la retórica tendrá en común con la dialéctica el estar basada en razonamientos, pero el razonamiento retórico es algo basado en premisas probables, un entimema, algo distinto a un razonamiento científico o silogismo.

Los analistas técnicos habríamos obrado, más o menos inconscientemente, del mismo modo. Decepcionados por la divergencia entre la realidad final y lo esperado a priori por los métodos convencionales, habríamos “renunciado” incluso a comprender a la realidad, o al menos a comprenderla a priori.Sabiendo que nuestra capacidad cognitiva para percibir la realidad es no sólo imperfecta sino que se produce de modo reflexivo -luego que resulta imposible partir de premisas irrefutables-, habríamos optado por apostar por el acontecimiento más probable de modo sistemático. A través de patrones, los analistas técnicos -así como cualquier otro tipo de inversores que se acerquen al mercado desde un acercamiento conductual- se considerarán capaces de medir las fuerzas dominantes en el mercado; pero simplemente en términos probabilísticos.

Los analistas técnicos han constatado positivamente dos cuestiones: por un lado, la existencia de pautas. Por otro lado, la existencia de tendencias, una propensión a la continuidad en las inercias/ideas dominantes. Apostar por tendencias y pautas de comportamiento es pensar en términos de lo más probable estadísticamente. Luego los analistas técnicos, para entenderse en su ágora con ese único juez irrefutable que es el precio, no encuentran otro camino que el de optar por planteamientos retóricos frente a planteamientos dialécticos o científicos, entimemas frente a silogismos, tal y como proponía Aristóteles.

A partir de la probabilidad, el éxito consistiría en saber administrar aciertos y errores. En la actitud. Aceptando como premisa que podemos estar en condiciones de saber cuál es la fuerza dominante con cierta probabilidad, si somos capaces de conseguir una cantidad de producto mayor en los aciertos que en los errores inherentes al propio método -y siempre que se haga una gestión que permita que el capital no se agote antes de que lo más probable suceda-, nuestra actividad en el mercado será forzosamente rentable a largo plazo. Hay por tanto que incidir, nuevamente, en la importancia de la actitud, en cómo administramos la probabilidad. Para ganar lo primero es sobrevivir, y por ello cualquier método debe tener vocación de medio/largo plazo aunque se opere a corto plazo -el riesgo monetario se controla mejor cuanto más a corto plazo se opera, aunque esto puede resultar muy problemático en términos de costes operativos y emocionales, ojo, pero de esas cosas me ocuparé más adelante…-. Ya estamos listos para empezar con cuestiones más técnicas.