El blog de un disidente

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Jack Welsch escribió hace años sobre Jérôme Kerviel, el casi mítico trader de la Société Générale, y cuando hace unos días éste volvía a las páginas de la actualidad pensé en el papel de los cabezas de turno, la vergüenza que me da a veces decir que trabajo en el sector financiero. Pero también en cómo esa historia tiene tanto que ver con los inversores y los analistas. Pensando en la Société y en Kerviel se me viene siempre a la cabeza la importancia de pensar en lo impensable, que es marca de la casa en Bolságora. Comentaba Welsch hace años que desde la divulgación del escándalo varios de sus colegas se habían mostrado avergonzados: “Yo sabía que había algo raro con este tipo”, “Él siempre me dio una sensación extraña”. Todos hablamos a posteriori de las mismas amenazas que no queremos ver hace sólo unos meses. De la misma forma que la mayoría de los “tipos raros” resultan ser tipos de lo más común finalmente, o que la mayoría de nuestras “extrañas sensaciones” acaban no siendo más que sombras… Hasta que llega el lobo y sabes que lo sabías. En su momento hablaré de mis experiencias como empresario, que son para no dormir. ¡Cómo no lo vi venir! ¿Por qué no hice nada ante tal riesgo abierto?

El mercado y la empresa no es esencialmente de los que aciertan. Esas son las grandes historias que tanto nos gustan y que de tan poco sirven. El mercado y la empresa, como la vida, es de los que saben acertar y fallar, dejando correr el beneficio y cerrando rápidamente la pérdida. Cuando sabemos, cuando el lobo -o el oso, o el toro- campa a sus anchas, normalmente es tarde para tomar decisiones que no entrañen el riesgo de que el remedio sea peor que la enfermedad. El riesgo, siempre el riesgo. “Yo carecía de pruebas reales”, dirá uno, como el analista que espera a tener datos objetivos en un mundo que se mueve por expectativas y no te las dará hasta que los precios se hayan movido en tu contra un mínimo del 15/20 por ciento. “Es siempre mejor mantener la cabeza gacha” o “Nadie hubiera escuchado”, son otras de las expresiones que comentaba Welsch que se oyen… Y es que lo cierto es que cuando uno es un privilegiado siempre es mejor no moverse de la foto, y que por lo general no vale la pena decirle a la gente que te paga lo que no quiere escuchar pues aunque sabes que cuando el problema cristalice tendrás que tragártelo. Escribí algo muy parecido hace años, y rescatándolo para este blog me di cuenta de qué lejos estamos de ser consecuentes con lo que sabemos si no somos psicópatas. Y creo que no merece la pena.

Es difícil lidiar con mediocres, y resulta absurdo reprocharles nada teniendo en cuenta que los seres humanos somos muy buenos haciendo el avestruz. Además, las organizaciones, especialmente las burocráticas manejadas por estrictas jerarquías, pueden desarrollar una cultura en la cual los empleados no se sienten muy ansiosos de dar malas noticias a la gerencia, especialmente si sólo tienen una corazonada. Los gerentes no desean escuchar esas noticias. En la industria financiera, nadie quiere dar tampoco una mala noticia porque el cliente buscará inmediatamente un buen motivo para irse a otra institución donde le digan lo que desea escuchar. En demasiadas ocasiones, cuando las cosas no se ven mal del todo, la codicia y el miedo pueden muchísimo más que la responsabilidad.

Volverá a repetirse

Algún día, en alguna parte, habrá un “delincuente” con un esquema distinto e igualmente ingenioso. Después de todo, la imaginación de los hombres malos es siempre más grande que la imaginación de los hombres buenos. Lo vemos constantemente con los chiringuitos y los timos. Nos guste o no estamos hablando de la naturaleza humana. Y el precio de ser distinto siempre fue algo que pocos quisieron pagar, y que el resto se esforzó en denostar. . Y sino, que venga Galileo, y lo explique. Le contaré en los próximos meses cosas que le harán darse cuenta de que puede contar conmigo entre los disidentes.

 

oveja