Chaval, no intentes entenderlo

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A mis 21 años y aún en la facultad, yo resultaba un jovencito fácilmente impresionable. Tuve la extraña oportunidad de hacer cosas que sólo se le permitirían a un experto por un extraño cúmulo de circunstancias entre las que destacaría la simple y llana buena estrella, y el trabajar a las órdenes de alguien que mezclaba cierta y lucrativa buena fe con la mayor de las inconsciencias; todo aderezado con un poco de golfería muy española; que de eso también sabemos mucho en mi Catalunya. Lo bueno de eso es que te obliga a despabilar; lo malo es que te verás remando contra el que manda y con la posibilidad de aprender una sola cosa: lo que no deberías hacer bajo ningún concepto. Y de entre las anécdotas que puedo contarle, hay una que debe ser la primera que cuente en este blog…

Aunque yo empecé negociando, sobre todo bonos del gobierno en el mercado de futuros, no olvidaré a mi primer broker de renta variable, Ángel. Era un tipo de esos que parecen realmente serios porque son gente muy profesional. Siempre parco y silencioso, al grano, sin tiempo que perder. Pero un día, desconsolado porque una serie de datos habían provocado en los precios la reacción contraria a la que debería haberse producido teóricamente, adoptó un tono cariñoso por primera y única vez en todos los años que conversamos. Permíteme un consejo chaval, me dijo, es muy simple: no intentes entenderlo.

Desde ese día sólo me interesó la reacción al mercado de los mismos, aferrándome a la famosa enseñanza de Bernard Baruch, uno de los multimillonarios que han forjado las aproximaciones behavioristas al mercado. Baruch enseñó a los analistas técnicos algunas cosas, entre ellas la importancia de considerar a las noticias como simples excusas, siendo el estudio de la reacción del mercado a las mismas lo trascendente.

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